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Mostrando entradas de enero, 2013

"Sé en quien he puesto mi confianza"

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25 de enero En san Pablo estos dos sentimientos procedían de la caridad perfecta. El de ser disuelto para unirse a Jesucristo en perfecta unión en la gloria, que habría sido mejor para él, o sea que le era más deseable que el continuar viviendo sobre esta tierra; y este deseo era impulsado únicamente por la caridad perfecta que tenía por su Dios. En cambio, el otro sentimiento o deseo le venía también de una caridad perfecta, pero que tenía por objeto inmediato la salvación del prójimo. En otras palabras, este deseo estaba motivado por el objeto principal, Dios, pero se concretaba por reflejo en la salvación de las almas. El primer deseo, es decir, el de ser disuelto de este cuerpo, él lo ve y lo encuentra más útil para sí, y lo desea con todo el ardor con que un alma justa puede desear unirse a su Dios. En cambio, el segundo deseo, es decir, el de dejar o, mejor dicho, el de seguir viviendo en medio de los trabajos y de las fatigas, para procurar la salvación de las almas, é

Sé cauto en la consecución de la vida eterna

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11 de enero El conocimiento de la indignidad potencial, que consiste en saber qué seríamos o qué podríamos hacer sin la asistencia de la gracia, y del que hemos hablado hasta ahora, no debe confundirse con la indignidad actual. La primera hace a la criatura aceptable y grata a los ojos del Altísimo; la segunda la hace detestable, porque es el reflejo de la iniquidad presente en el alma, en la conciencia. Vosotras, en las tinieblas en que os encontráis la mayor parte de las veces, confundís una con otra; y, del conocimiento de lo que podríais ser, teméis que ya sois aquello que es sólo posible en vosotras. El ignorar si ante Dios sois dignas de amor o de odio, es un sufrimiento y no un castigo, porque nadie teme ser indigno cuando verdaderamente lo quiere ser o lo es. Tal incertidumbre es permitida por Dios para todos los seres humanos, para que no se engrían y para que caminen con cautela en la consecución de la salvación eterna. (7 de diciembre de 1916, a las hermanas

Dios está presente al alma que ama

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10 de enero Las tinieblas que rodean el cielo de vuestras almas son luz; y hacéis bien en decir que no veis nada y que os encontráis en medio de una zarza ardiendo. La zarza arde, el aire se llena de densas nubes, y el espíritu no ve ni comprende nada. Pero Dios habla y está presente al alma que siente, comprende, ama y tiembla. Hijitas mías, animaos; no esperéis al Tabor para ver a Dios; ya lo contempláis en el Sinaí. Pienso que el vuestro no es el estómago interior revuelto e incapaz de gustar el bien; él ya no puede apetecer más que el Bien Sumo en sí mismo y no ya en sus dones. De aquí nace el que no quede satisfecho con lo que no es Dios. El conocimiento de vuestra indignidad y deformidad interior es una luz purísima de la divinidad, que pone a vuestra consideración tanto vuestro ser como vuestra capacidad de cometer, sin su gracia, cualquier delito. Esta luz es una gran misericordia de Dios, y fue concedida a los más grandes santos, porque pone al alma al abrigo

¡Tú sé fuerte! ¡Ora y espera!

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8 de enero Mantente siempre fuerte en la fe y estate siempre vigilante, que de ese modo serán ahuyentadas todas las malas artes del enemigo. Ésta es precisamente la exhortación que nos da el príncipe de los apóstoles san Pedro: «Sed sobrios y estad vigilantes. Vuestro enemigo, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe» ; y, para estimularnos más, añade también: «sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan estas mismas cosas». Sí, amada hija de Jesús, especialmente en las horas de la lucha reaviva tu fe en la verdad de la doctrina cristiana y, de manera particular, reaviva la fe en las promesas de vida eterna que nuestro dulcísimo Señor hace a quienes combaten con fuerza y coraje. Sirva para infundirte ánimo y para consolarte, saber que no estás sola en el sufrir, que todos los seguidores del Nazareno esparcidos por el mundo padecen las mismas cosas: también ellos están todavía expuestos a las tribulaciones.

Si amas las riquezas, aquí encontrarás el Mayor Tesoro

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7 de enero Nuestro Señor te ama, hijita mía, y te ama tiernamente; y si él, a veces, no te hace sentir la dulzura de este amor, lo hace para llevarte a una humildad mayor y para que te des más cuenta de lo despreciable que eres. Pero no dejes por eso de recurrir a su santa benignidad con toda confianza, particularmente en el tiempo en que lo representamos como pequeño niño en Belén. Porque, hijita mía, ¿para qué se aferra él a esta dulce y amable condición sino para llevarnos a amarlo confiadamente y a entregarnos amorosamente a él? Permanece muy cerca de la cuna de este gracioso niño, especialmente en estos días santos de su nacimiento. Si amas las riquezas, aquí encontrarás el oro que los reyes magos le dejaron; si amas el humo de los honores, aquí encontrarás aquel incienso; y si amas las delicadezas de los sentidos, sentirás la olorosa mirra, que perfuma toda la gruta. Sé rica de amor hacia este niño celestial; respetuosa en la familiaridad que tendrás con él mediante

¿Qué te ha faltado?

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4 de enero La tercera máxima es que debes observar lo que el divino Maestro enseñó a sus discípulos: « ¿Qué os ha faltado? » . Considera atentamente, mi buena hijita, este pasaje. Jesús había mandado a los apóstoles a todo el mundo, sin dinero, sin bastón, sin sandalias, sin alforjas, vestidos sólo con una túnica; y después les dijo: « Cuándo os mandé de este modo, ¿acaso os faltó algo? » Y ellos respondieron que nada les había faltado. Ahora, yo te digo, hijita: cuando estuviste atormentada, aún en el tiempo en que, por desgracia, no sentías mucha confianza en Dios, dime, ¿en algún momento te encontraste oprimida por el sufrimiento? Me responderás que no. ¿Y por qué, pues, - agregaré yo - no tener confianza en superar todas las demás adversidades? Si Dios no te ha abandonado en el pasado, ¿cómo podrá abandonarte en el futuro, cuando ahora, más que en el pasado, quieres ser suya de aquí en adelante? No temas que te pueda ocurrir algo malo de este mundo, porque quizás no