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LECTIO DIVINA SÉPTIMO MIÉRCOLES DE PASCUA. Santifícalos en la verdad

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LECTIO DIVINA SÉPTIMO MIÉRCOLES DE PASCUA LECTIO PRIMERA LECTURA Ahora les dejo en manos  De Dios, que puede hacerlos crecer y alcanzar la herencia prometida. Del libro de los Hechos de los Apóstoles 20,28-38 En aquellos días, Pablo dijo a los presbíteros de la comunidad  cristiana de Éfeso: “Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó pastores el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la sangre de su Hijo. Yo sé que después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos rapaces, que no tendrán piedad del rebaño y sé que, de entre ustedes mismos, surgirán hombres que predicarán doctrinas perversas y arrastrarán a los fieles detrás de sí. Por eso estén alerta. Acuérdense que durante tres años, ni de día ni de noche he dejado de aconsejar, con lágrimas en los ojos, a cada uno de ustedes. Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para que todos los c...

SAN CRISPÍN DE VITERBO CAPUCHINO. «El poder de Dios nos crea, su sabiduría nos gobierna, la misericordia nos salva».

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SAN CRISPÍN DE VITERBO (1668-1750) Nació en Viterbo (Lazio) el año 1668. Huérfano de padre, la madre se ocupó de su educación religiosa. Hasta los 25 años trabajó en el taller de un tío suyo que era zapatero. En 1693 vistió el hábito capuchino. Optó por ser hermano lego para imitar a san Félix de Cantalicio. Estuvo en diversos conventos ejerciendo tareas domésticas hasta que, en 1709, fue trasladado a Orvieto, donde comenzó a ejercer el oficio de limosnero, en el que permaneció casi cuarenta años, dando admirables ejemplos de amor a Dios, devoción a la Madre de Jesús y caridad hacia el prójimo, en especial los pobres. Desde siempre se le ha llamado y con razón el santo de la alegría franciscana. Murió en Roma el 19 de mayo de 1750. Prudencio de Salvatierra, ofmcap La estampa de san Crispín de Viterbo no se puede contemplar con indiferencia: la sonrisa de la figura se comunica inmediatamente al que la mira. A san Crispín se le ha llamado, con justi...