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La humildad es la senda segura para el encuentro con Dios

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16 de mayo Nuestra vida terrena se va muriendo poco a poco en nosotros; de igual modo es necesario hacer morir en nosotros nuestras imperfecciones. Imperfecciones, es cierto, que para las almas piadosas que las sufren, pueden ser también fuentes de mérito y motivos poderosos para adquirir virtudes; porque, a través de esas imperfecciones, conseguimos conocer cada vez mejor el abismo de miseria que somos; y ellas nos impulsan a ejercitarnos en la humildad, en el desprecio de nosotros mismos, en la paciencia y en el esfuerzo. Hijo mío, yo no sé qué impresión producirá en tu alma esta pobre carta, pero todo lo he escrito al pie del crucifijo. He sentido muy fuerte en mi corazón el impulso a escribirte lo que te he escrito, porque he juzgado que una gran parte de tu mal pasado ha estado motivado por haber hecho grandes proyectos y, viendo después que los resultados eran pequeñísimos y que las fuerzas eran insuficientes para poner en práctica aquellos deseos, aquellos planes y aquellas i...

Sé humilde a los ojos de Dios y Él te dará la corona de la gloria.

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14 de mayo Sospecha de todos aquellos deseos que, a juicio de las almas prudentes y piadosas, no pueden alcanzar sus objetivos. Entre ellos hay que colocar los deseos de aquella perfección cristiana, que puede ser perfectamente imaginada pero nunca practicada, y sobre la que muchos dan buenas lecciones pero nadie la lleva a la práctica. Y, del mismo modo, abandona también la duda que me manifestaste en relación a lo que dices que has leído en los libros. Reflexiona seriamente en la vanidad del espíritu humano, propenso a equivocarse y turbarse en sí mismo; porque te aseguro que de esta consideración deducirás fácilmente lo que tantas veces te he dicho: que los trabajos internos que has tolerado y de los que aún queda en ti algún residuo, han sido provocados en ti por una multitud de consideraciones y deseos producidos por esa gran ansiedad de llegar cuanto antes a aquella perfección imaginada, que tú equivocadamente te habías formado. Tu imaginación había formado en tu espíritu una ...

Por Cristo Todos hemos sido salvados

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12 de mayo L a justificación de nuestra impiedad es tal, que bien puede decirse que Dios ha mostrado más su poder en nuestra conversión que al crear de la nada el cielo y la tierra; ya que existe mayor oposición entre el pecador y la gracia, que entre la nada y el ser. La nada está menos alejada de Dios que el pecador. En efecto, la nada, siendo la privación del ser, no tiene capacidad alguna para resistirse a la voluntad de Dios, mientras que el pecador, siendo un ser y un ser libre, puede oponerse a todos los deseos divinos; además, en la creación se trata del orden natural; en cambio, en la justificación del impío, se trata del orden sobrenatural y divino. ¡Oh!, ¡si todos comprendiéramos de qué extrema miseria e ignominia nos ha sacado la mano todopoderosa de Dios! ¡Oh!, ¡si pudiéramos penetrar durante un solo instante lo que deja estupefactos incluso a los mismos espíritus celestiales; es decir, el estado al que nos ha elevado la gracia de Dios para ser nada menos que sus hijos,...

La meta de todo cristiano es la santidad.

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11 de mayo En torno a tres grandes verdades es necesario orar de modo especial al Espíritu Paráclito para que nos ilumine, y son: que nos haga conocer cada vez mejor la excelencia de nuestra vocación cristiana. Ser preferidos, ser elegidos entre una muchedumbre, y saber que esta predilección, que esta elección, ha sido hecha por Dios, sin ningún mérito nuestro, desde la eternidad, « ante mundi constitutionem », con el único objetivo de que seamos suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande, y al mismo tiempo tan dulce, que el alma, por poco que lo penetre, no puede sino derretirse toda en amor. En segundo lugar, pidamos que nos ilumine cada vez más sobre la inmensidad del premio eterno al que la bondad del Padre celestial nos ha destinado. La penetración de nuestro espíritu en este misterio aleja al alma de los bienes terrenos y nos vuelve ansiosos por llegar a la patria celestial. Oremos, por fin, al Padre de las luces que nos haga comprender cada vez más el mist...

Jesús es el Señor

Jesús es el Señor

Acércate a la Madre del Amor y camina con ella al encuentro de Jesús

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9 de mayo Jesús te haga cada vez más grata a él y más semejante en los caminos del dolor. María, la madre de Jesús y madre nuestra, te conceda entender todo lo que encierra el gran secreto del dolor, cristianamente soportado, y te obtenga también toda la fuerza para poder subir hasta la cima del Calvario, llevando la propia cruz. Es verdad que, para recorrer este camino, se necesita mucha fuerza; pero, ¡coraje!; el Salvador no permitirá nunca que decrezca su ayuda hacia ti. Por tanto, apresurémonos a unirnos, a mezclarnos, a todas esas almas piadosas y fieles que van junto al divino Maestro. Apresurémonos, digo, para no quedar demasiado atrás en esta santa comitiva; mantengámonos siempre unidos a ella; no la perdamos nunca de vista; que no escape nunca de nuestra vista, porque no la podremos alcanzar, y nos veremos privados de esos tesoros secretos de bien que sólo se encuentran ahí, y excluidos del gozo eterno que sólo en ella y por ella se llega a poseer.   (4 de agosto de 1915...

Todo lo puedo en Cristo que me conforta

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6 de mayo ¡Oh!, hijita mía, qué amargo es el pensamiento de tener que rendir cuenta a Dios de los pecados hechos cometer a otros por una equivocada dirección; y también del mayor bien no promovido en las almas por mi ignorancia; y Dios no quiera que sea también por mi negligencia o, peor todavía, por mi malicia, aunque involuntaria. ¡Ah!, hija mía, reza y reza mucho por esta finalidad, junto con las otras almas unidas a nosotros en un mismo espíritu delante del Señor. No puedes imaginar qué sufrimiento es para mí este temor, que está siempre clavado ahí, en la punta más alta del espíritu, y que me hace agonizar cada instante. Mil muertes, las más dolorosas, serían para mí muy poca cosa ante esta nueva cruz que me envía Dios y que - no me hago ilusiones - me acompañará hasta la muerte. Sé también que esta espina es la que me consumirá lentamente, porque me doy cuenta de que no es propiamente una tentación sino un querer expreso de Dios […]. Todos mis esfuerzos no sirven ni para alejar...

El amor sin medida de Dios lo ha resucitado. Aleluya!

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Paz y Bien: Felices Pascuas de Resurreción El amor sin medida de Dios lo ha resucitado. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. (Jn 3,16). Tal vez muchos de nosotros nos preguntemos con cierta frecuencia, y sin lugar a dudas sin acertar a dar una respuesta correcta y objetiva al amor de Dios tan grande para toda la humanidad, manifestado en la obediencia de su Hijo Jesucristo. Uno puede pensar ¿cómo Dios pudo mandar a su Hijo a la muerte? ¿Cómo Dios puede complacerse en la muerte de su Hijo? Ciertamente esto no es así. De ninguna manera Dios ce complace en la muerte de su hijo. ¡No!. Si bien es verdad se complace en la Obediencia que Jesucristo manifiesta a la voluntad del Padre. ¿Cuál es esa voluntad del Padre? “Que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Al descubrir Jesús la voluntad de su Padre de salvar a la humanidad entera Él mismo se ofrece por todos. Es...

Es necesaria la muerte para la Resurrección

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4 de mayo Sí, mantente en vida unida siempre a Jesucristo que agoniza y sufre en el huerto de los olivos, y, participando de este modo de la unción de su gracia y del alivio de su fuerza, te encontrarás en ese mismo huerto de los olivos el día de tu muerte, para participar del gozo de su ascensión y de la gloria. […]. [La Resurrección es una realidad que no puede prescindir de la agonía del Huerto y de la muerte en Cruz] Aprende, pues, a sufrir todo cristianamente y no temas, porque ningún sufrimiento, por muy bajo que sea el motivo del mismo, resultará sin mérito para la vida eterna. Confía y espera en los méritos de Jesús, y de este modo la humilde arcilla se transformará en oro finísimo, que resplandecerá en el reinado del monarca celestial. (4 de agosto de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 470)