CORONA FRANCISCANA O CORONA SERÁFICA O CORONA DE LAS SIETE ALEGRÍAS DE LA VIRGEN MARÍA.
CORONA DE LAS SIETE ALEGRIAS DE LA VIRGEN MARIA
O LA CORONA SERAFICA
O CORONA FRANCISCANA
San Francisco "circundaba de amor indecible a la Madre del Señor Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad y haber tenido misericordia de nosotros. En ella sobre todo, después de Cristo, ponía toda su confianza y por eso la hizo abogada suya y de sus hermanos. Ayunaba en su honor con gran devoción, desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción" (Buenaventura, Leyenda Mayor, 9,3).
La tradición franciscana indica en 1442 se difundió la noticia de una aparición de la Virgen María en Asís, a un novicio franciscano llamado Santiago. Desde niño, tenía la costumbre de ofrecer a la Virgen una corona de rosas. Cuando ingresó a los Hermanos Menores, ya no pudo seguir su costumbre. La Virgen se le apareció para consolarlo y le indicó otra ofrenda que podía ofrecer diariamente. Le sugirió rezar cada día siete décadas de Ave Marías intercaladas con la meditación de siete misterios gozosos que ella vivió en su vida. Fray Santiago comenzó esta devoción y, estando un día en oración, el Director de Novicios lo vio con un ángel que iba tejiendo una corona de rosas, a medida que el novicio rezaba, y después de cada decena de rosas, insertaba un lirio dorado, al terminar de rezar Fray Santiago, el ángel colocó la corona sobre la cabeza del novicio. El Director le preguntó sobre el significado de la visión que había tenido, y al oír la explicación, lo contó a todos los frailes y pronto se difundió esta devoción a toda la Familia Franciscana.
Modo de rezar la Corona seráfica
Por la señal de la Santa Cruz +
De nuestros enemigos +
Líbranos Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo + Amén.
- Dios mío, ven en mi auxilio.
- Señor, date prisa en socorrerme.
- Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Acto de contrición:
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, a mí me pesa Señor, pésame en el alma y en todo mi corazón el haberte ofendido. Yo creo y propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, de apartarme de las ocasiones, de confesarme y de cumplir la penitencia que me fuera impuesta por mis pecados. Te ofrezco Señor mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Así como te suplico, así confío en tu misericordia infinita que me perdonarás y me darás luz y gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el último instante y fin de mi vida amén.
Saludo a la Virgen
Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está toda la plenitud de la gracia, y todo bien.
Salve, palacio suyo; salve, tienda suya;
salve, casa suya, salve, vestidura suya;
salve, sierva suya; salve, madre suya,
y todas vosotras, virtudes santas, que por la gracia y la iluminación
del Espíritu Santo sois infundidas en el corazón de los creyentes,
para que de infieles se vuelvan fieles a Dios.
PRIMERA ALEGRÍA: - El ángel Gabriel anuncia a María el Nacimiento de Jesús. Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad por la primera alegría que tuvo la Virgen María, cuando el Arcángel San Gabriel le anunció que ella concebiría y daría a luz al hijo de Dios.Primer gozo
- Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Ángel se alejó. (Lc 1,30-31.38).
- Oh María concebida sin Pecado, que al recibir el anuncio del Ángel tu corazón se turbó con tan ¡semejante noticia! Y siendo dócil a la voluntad de Dios encontraste la dicha que proviene de quien solamente tiene a Dios como su único tesoro, ayúdanos a ser dóciles y aceptar todo lo que viene de Dios, y a alegrarnos siempre de hacer su voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, Virgen de la escucha, tú eres la llena de gracia,
tú eres la humilde esclava del Señor.
Tú has dado libremente tu sí al anuncio del ángel
y te has convertido en madre del Hijo de Dios hecho hombre.
Enséñanos a decir siempre sí al Señor, aunque nos cueste.
SEGUNDA ALEGRÍA: - María visita a su pariente Isabel.
Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la segunda alegría que tuvo a Virgen María, cuando fue a visitar a su prima Santa Isabel, de quien fue reconocida y proclamada por verdadera Madre de Dios.
- En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! (Lc 1,39-42).
- Oh María, Madre de la prontitud que tras escuchar las palabras del Ángel y concebir en tu vientre purísimo al “Autor de la vida”, no pediste que te sirvieran, antes bien, te pusiste en camino para servir con prontitud y alegría a tu prima Isabel, haz que yo también esté atento a las inspiraciones del Espíritu Santo para descubrir las necesidades de mis hermanos y favorecerlas con prontitud caritativa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria.
Tú, María, madre del Señor, llevando a Jesús, que ha tomado cuerpo
en ti, vas a visitar con gozosa premura a la anciana prima Isabel,
para ponerte a su servicio. A tu saludo, su hijo es santificado
por la presencia del Salvador. Enséñanos, Madre de Dios,
a anunciar y llevar siempre a Jesús a los demás.
TERCERA ALEGRÍA: - Jesús, Hijo de Dios, nace de la Virgen María.
Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la tercera alegría que tuvo la Virgen María, cuando dio a luz a su divino Hijo en el Portal de Belén y lo reclinó en el pesebre, en medio de dos animales.
- Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Lc 2,6-7).
- Oh María que al ponerte en camino, para acompañar a José, para empadronarse en Belén, te llegó el momento del alumbramiento, ofreciendo en tu Hijo la Salvación del universal, y al no tener ni siquiera un lugar dónde nacer lo recostaste en un pesebre, haz Señora y Madre mía, que haciendo un uso justo y adecuado de todo lo material, me aleje de todo lo mundano y haga de mi vida y mi hogar un lugar donde el Niño Dios sea el centro y pueda estar atento a las necesidades de mis hermanos para aliviarlas con caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, madre siempre Virgen, en la pobreza de una cueva
has dado a luz a Jesús, venido al mundo para nuestra salvación.
Tú adoras como Hijo de Dios al que has engendrado.
Guíanos por el camino de una fe viva en Jesús, nuestro Señor y Salvador.
CUARTA ALEGRÍA: - Unos magos de Oriente adoran al niño Jesús en Belén. Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la cuarta alegría que tuvo la Virgen María, cuando vio a los Reyes Magos adorar a su divino Hijo y ofrecerles sus místicos dones.
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén. Y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. (Mt 2,1.11).
- Oh María que estando sorprendida con el nacimiento de tu Hijo al encontrarlo en todo igual a nosotros, llegaron los magos a tributarle su honor y ofrecerle sus dones, quedando Tú atónita y guardando todo en tu corazón, ayúdanos a saber adorar a tu Hijo Jesucristo en Espíritu y en verdad y a dejarnos sorprender ante lo que Dios va realizando en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, pobre y humilde de corazón, enséñanos a no juzgar,
sino a confiar únicamente en la misericordia de Dios,
que no hace distinción de personas. Porque, si nuestra fe
no se traduce en obras, muchos "magos" nos irán por delante
en el reino de los cielos.
QUINTA ALEGRÍA: - María y José encuentran al niño Jesús en el Templo. Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la quinta alegría que tuvo la Virgen María, cuando después de haber perdido a su divino Hijo, lo encontró en el templo de Jerusalén sentado entre los doctores, escuchándoles y preguntándoles.
- Y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?».Lc (2,43.46.48-49)
- Oh María, Madre Mía, que siempre estás atenta a las necesidades de tu familia, y confiando siempre en los designios del Padre quisiste educar a tu Hijo en la libertad y en la responsabilidad, haz que me deje cuidar por tu amor maternal, para que obedeciendo siempre y en todo la voluntad de mi Padre, pueda alegrarme contigo al estar bajo tu manto y cuidado maternal. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, Virgen del silencio, tú saltas de gozo al encontrar
a Jesús en el templo de Jerusalén, y adoras el misterio
del Hijo de Dios Creador, que en Nazaret vive obediente a sus criaturas.
Enséñanos a buscar siempre a Jesús y a vivir en su obediencia.
SEXTA ALEGRÍA: - Jesús resucita victorioso de la muerte y se aparece a los suyos Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la sexta alegría que tuvo la Virgen María, cuando se le apareció su divino Hijo resucitado y triunfante de la muerte y del pecado.
- Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse (Hc 1,14; 2,1-4)
- Oh María, Madre mía que en comunión con los Apóstoles y las santas Mujeres permanecías en la dulce espera del “Primer Día”, siempre confiada y dispuesta a hacer la voluntad de Dios, porque eso alegraba tu corazón, haz que nos alegremos ante la certeza de la resurrección de entre los muertos y podamos vivir siempre anhelando los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, fuente del gozo, tú eres la madre del Señor resucitado.
Él es quien ha vencido la muerte. El es nuestra esperanza
en el camino de la vida. Enséñanos, María, a vencer la muerte del
egoísmo, para vivir en la resurrección del amor.
SÉPTIMA ALEGRÍA: - María es elevada al cielo y coronada como reina y primicia de la humanidad redimida. Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, por la séptima alegría que tuvo la Virgen María, cuando fue subida al cielo y coronada como Reina y Señora de todo lo creado, Madre y Abogada de los pecadores.
- En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de la Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada. Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. (Ap 11,19; 12,1).
- Oh María, Reina de Cielos y tierra, que has sido coronada no sólo con los gozos y las alegrías que experimentaste en este suelo, sino coronada por la Santísima Trinidad como la más excelsa Criatura, la más santa y pura después de tu Hijo, que nuestra vida sea una constante corona de alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, viviendo siempre en comunión con la Iglesia, poseedora y custodia de la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén!
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria.
Oh María, Reina de los ángeles y de los santos, coronada
de gloria y honor en el gozo sin fin del paraíso,
tú brillas delante de nosotros como estrella de la mañana.
Enséñanos, Madre, a caminar por el mundo con la mirada puesta
allá donde está el gozo auténtico y definitivo.
Letanías de nuestra Señora
LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la misericordia,
Madre de la divina gracia,
Madre de la esperanza,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los migrantes,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos y merecedores de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén
Oración final.
Dos Ave María en Honor de los 72 años que, según la tradición, vivió la Virgen sobre la tierra.
1 Padre Nuestro y 1 Ave María por las intensiones del Papa
Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, concédenos por intercesión de la Virgen María poder gozar de las alegrías sin fin de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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